lunes, 18 de mayo de 2009

El aborto


Cada día que pasa me percato más de la vileza del ser humano y de cómo olvidamos sin contemplaciones nuestro pasado; el que está bien lejos, repitiendo una y otra vez los mismos errores; y el que está bien cerquita, olvidando lo que necesariamente fuimos un día.
Ahora está de moda la palabra aborto; por lo visto es moderno y estar en su contra es ser un personaje arcaico casi propio de Atapuerca. Yo debo serlo. Hablan del derecho de la mujer, de semanas de gestación y de la interrupción voluntaria del embarazo por niñas de dieciséis años. Hablan sin pensar que un día no muy lejano, ellos mismos fueron eso, un embrión indefenso. Y lo que más me entristece es que obvian el futuro de ese pedacito de vida tratándolo como si de un quiste molesto se tratara. Yo he podido vivir mi vida, él nunca lo hará porque no se le reconoce estar vivo, a pesar de que toda la humanidad ha estado en su misma situación.
Soy hombre y no puedo llegar a entender qué significa llevar una vida que no se quiere durante treinta y ocho semanas en el vientre. Pero si sé de números. Sé que la vida media de la mujer en España es superior a los ochenta años. Sé que en ochenta años hay cuatro mil ciento sesenta semanas, y que treinta y ocho sólo equivale a un 1,25%. El resto sería sólo y exclusivamente para la mujer. Un 1,25% de angustias, de molestias, de dolor, de sacrificio, de mil cosas por estar haciendo algo en contra de tu voluntad y en tu perjuicio, de acuerdo, pero todo para que un ser humano que está por venir pueda vivir su 100% de vida. Creo que el Estado, en vez de promover el aborto, podría indemnizar a la madre por su sufrimiento en ese 1,25% de su vida. A mí me parece un precio pequeño si de salvar una vida se trata. Cuestión de opiniones, imagino.

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